Participamos en el Primer Encuentro Internacional de Bienestar Animal en Actividades Turísticas en Colombia

Manizales, la encantadora ciudad de la región cafetera en el oeste de Colombia, fue la sede del Primer Encuentro Internacional de Bienestar Animal en Actividades Turísticas. Este evento, que tuvo lugar en la reserva natural El Recinto del Pensamiento, reunió a más de 150 personas interesadas en promover un turismo responsable con los animales y la naturaleza. Durante tres días, discutimos cómo el turismo puede convertirse en una herramienta de preservación cultural y ambiental, uniendo a las comunidades con la biodiversidad de sus territorios.

El encuentro, organizado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, contó con la participación de expertos y representantes de Argentina, Costa Rica y Ecuador, entre otros. Se destacó la necesidad urgente de erradicar aquellas actividades turísticas que, motivadas por fines económicos, explotan indiscriminadamente los recursos naturales, maltratan animales y deterioran el paisaje, generando graves consecuencias a largo plazo. En contraste, el turismo sostenible no solo protege el entorno, sino que también beneficia a las comunidades locales de manera equitativa y duradera.

Colombia, una vez más, se posiciona como un referente en América Latina en el ámbito de bienestar animal, destacando su reciente abolición de las corridas de toros, lograda este 2024 tras años de lucha. Esto refleja el compromiso del país con el respeto por la vida animal y la preservación de sus recursos naturales.

Violencia en el turismo con animales: un problema urgente

Durante el evento, desde nuestra Fundación abordamos dos temáticas cruciales relacionadas con el turismo y los animales. En primer lugar, la violencia interrelacionada a las actividades turísticas, donde el maltrato animal puede pasar desapercibido, como en el caso de actividades populares como el nado con delfines, visitas a zoológicos y excursiones con elefantes. Aunque la violencia no siempre es visible, muchos de estos animales sufren tras bastidores, sometidos a castigos y privaciones que rompen su espíritu desde una edad temprana.

También destacamos las formas más directas de violencia, como la caza, las corralejas, las corridas de toros y las peleas de gallos. Estas prácticas, aunque a menudo defendidas como “tradicionales”, implican un sufrimiento evidente y la muerte de los animales. Afortunadamente, ya existen ciudades como Guadalajara, que han eliminado el uso de animales en actividades turísticas como los paseos en carretas, reemplazándolos por opciones más éticas y sostenibles.

El impacto de la violencia en niños y niñas

El maltrato animal no solo afecta a los animales. En el caso de niños y niñas expuestos a este tipo de actividades, el daño también puede ser psicológico. Ver cómo los adultos celebran actos de violencia hacia los animales puede generar confusión, angustia y normalización de la crueldad, impactando negativamente en su desarrollo emocional.

Violencia de género y tradiciones turísticas

El vínculo entre la violencia de género y ciertas tradiciones turísticas también fue un tema clave en nuestra intervención. El caso del festival de San Fermín en Pamplona, España, es un claro ejemplo de cómo eventos que implican el maltrato animal pueden coincidir con otras formas de violencia, como el tristemente famoso abuso cometido por un grupo de hombres durante el festival en 2016. Este caso fue un reflejo de cómo algunas actividades tradicionales pueden solapar comportamientos violentos y machistas.

Políticas de coordinación: Integrando la naturaleza en todas las áreas de gobierno

Desde hace algún tiempo, en nuestra fundación apoyamos el diseño de políticas gubernamentales basadas en la coordinación entre distintas áreas y ministerios. Estas políticas de coordinación son transversales, lo que significa que no están limitadas a un solo sector, sino que atraviesan todas las competencias y carteras ministeriales. Un claro ejemplo de esto es la cultura de paz, que, al contrario de la cultura de guerra o violencia, busca impregnar a todas las políticas de un gobierno, afectando positivamente temas como la educación, la seguridad o la inclusión social.

En este contexto, llevamos más de una década promoviendo la idea de que la naturaleza debe ser un eje rector dentro de estas políticas de coordinación. La protección de la naturaleza no debe limitarse únicamente a políticas ambientales, sino que debe ser una prioridad transversal que influya en todas las decisiones del gobierno, ya sean relacionadas con la producción, la seguridad, o incluso la inclusión social. Esta visión implica que la protección de los ecosistemas debe formar parte de cada acción gubernamental para asegurar un desarrollo verdaderamente sostenible.

Por ello, celebramos que el Ministerio de Turismo de Colombia haya asumido postulados que tradicionalmente se asociaban con un Ministerio de Medio Ambiente. En este caso, vemos cómo las preocupaciones ambientales empiezan a impregnar sectores como el turismo, un área clave en la relación con la naturaleza. Un turismo irresponsable puede causar enormes daños a los ecosistemas, mientras que un turismo regenerativo y sostenible solo es posible cuando la naturaleza está en buen estado. Este tipo de enfoque asegura que la naturaleza sea protegida en todo tipo de políticas, fomentando prácticas turísticas que no solo respetan el entorno, sino que también contribuyen a su regeneración y conservación a largo plazo.

Reinventar el turismo: una apuesta por la sostenibilidad

Colombia propone un nuevo modelo de turismo, uno que respete y preserve tanto a los animales como a los recursos naturales. La idea es que el turismo sea una herramienta para la sostenibilidad, no solo una fuente de ingresos a corto plazo. Un turismo responsable no solo beneficia a la generación actual, sino que asegura que las futuras generaciones también puedan disfrutar de los paisajes, la fauna y las tradiciones locales.

Desde nuestra Fundación, apoyamos plenamente esta visión de turismo ético y sostenible. Creemos que el turismo debe ser una oportunidad para cuidar lo propio y ser un punto de encuentro entre culturas, enmarcado en la paz, la sostenibilidad y el respeto por la vida en todas sus formas.

Virginia Portilla Cabrera